jueves, 30 de agosto de 2007

CENSURA Y TRAICIÓN


A principios de los años setenta, Pizarnik recibió la propuesta de Antonio Beneyto para realizar un compendio de su obra poética. Ella aceptó efectuar - junto a Martha Moia- la selección y ordenación de los textos[1], pero a raíz de su fallecimiento se suspendió el proyecto. Posteriormente, Beneyto se encargó de la edición, la cual agrupaba poemas de Árbol de Diana, Los trabajos y las noches, Extracción de la piedra de locura, Nombres y Figuras e Infierno musical. Al diseño inicial se le suprimió los artículos críticos “Acerca de Alejandra Pizarnik” firmados por André Pieyre de Mandiargues, Enrique Molina, Olga Orozco y Guillermo Sucre. Tampoco se incluyeron sus dibujos y fotografías.La recopilación se llamó El deseo de la palabra (1975) , bajo el sello de Barral Editores. Después de esta iniciativa, no se volvieron a publicar sus poemas con excepción de La última inocencia y Las aventuras perdidas (1976) que fueron reeditados por Botella al Mar.

A menos de diez años de su muerte, salió al mercado una antología [2] que intentó agrupar - en francés - toda su producción literaria desde 1956 hasta 1972. Luego, Olga Orozco y Ana Becciú[3] prepararon un libro Textos de sombra y últimos poemas (1982) donde se incorporaron escritos inéditos o dispersos en revistas, de los cuales varios eran borradores sin completar. El Fondo de Cultura Económica, bajo el título Semblanza[4] (1984), publicó una selección de poemas que incluyó fragmentos de sus diarios íntimos. En esta edición, el texto de La Condesa Sangrienta no sólo aparece incompleto, sino que está desarticulada; se editaron ocho de los once capítulos y ni el orden de éstos ni el nombre de los mismos se corresponden con el original.

El Centro Editor de América Latina divulgó en la Colección Capítulo (1982) una antología, la cual pretendía suplir -parcialmente- el desabastecimiento existente de la obra de Pizarnik. En 1988, la misma editorial reeditó un compendio de poemas y la editorial Botella al Mar hizo lo mismo con Árbol de Diana. En Argentina, se publicó Obras completas (1990), y como bien señala Francisco Cruz Pérez,[5] esta edición solo incorporó dos de los 21 poemas que contiene La última inocencia y también excluyó “La condesa sangrienta”, además de olvidar todos los ensayos. Willian Foster por su parte ha dicho:

“I have avoided quoting from Obras completas; poesía y prosas (1990), an edition that has been criticized as being, in fact, incomplete, both in the absence of an extensive number of her texts and in the aparent errors introduced in transcribing many of those that are included.”[6]

Así mismo, en España la editorial Visor (1993) elaboró una antología poética, La extracción de la piedra de locura. Otros poemas. Esta publicación no indica el nombre del compilador, pero por el Copyright podría pensarse que este conjunto de poemas fueron tomados de la Editorial Corregidor[7] que, además de incluir dos poemas más que en las Obras completas (1990), suma el texto de La condesa sangrienta. Si comparamos dicha edición de Visor con la de Barral (1975), podemos comprobar que esta última posee todos los textos de aquella.

Corregidor revisó su antología de 1990 y preparó otra edición aumentada de Obras completas. Poesía completa y prosa selecta (1994). La compiladora, Cristina Piña, excluyó todos los poemas de su primer libro La tierra más ajena bajo el argumento de que dichos poemas carecían de valor literario: “Creo que tal omisión en nada atenta contra la mejor comprensión y valoración de su obra poética, ya que personalmente coincido con Alejandra en atribuirles un valor estético casi nulo”[8]. También es oportuno señalar que Obras completas (1994) solo incluye La condesa sangrienta y cuatro ensayos. Aquí se dejó fuera los diarios, los reportajes, reseñas, cartas y dibujos.

Una abundante correspondencia de Pizarnik fue reunida por Ivonne Bordelois (Seix Barral, 1998) y Antonio Beneyto (2003); en ambos volúmenes se revela una escritora polifacética, dada a la bohemia y a la melancolía. Expurgado con celo - muchos de los nombrados siguen con vida -, los epistolarios testimonian amistades, blanquea pasiones y ofrece un panorama general de la época. Sabemos que existe una correspondencia amorosa que no está disponible para los investigadores, entre ellas figura las dirigidas a Cristina Campos con quien mantuvo una relación epistolar de diez años. Los dibujos que expuso en “El taller” junto con los de Mujica Lainez (1965) y las ilustraciones expuestas en el Salón de Artes y Letras de Buenos Aires (julio de 1969), han desaparecido.[9]

Un año después, Ediciones Corregidor publicó Textos selectos - que a diferencia de las Obras Completas, donde el criterio selección y catalogación resultaba caótico para la lectura- se puede apreciar de forma global la evolución de la poesía de Pizarnik, los diferentes tiempos estéticos, desde los tempranos años cincuenta hasta los textos humorísticos en prosa de la última época. Hasta el momento, la edición más exhaustiva que existe en el mercado de la poesía pizarnikiana es la publicada por Lumen: Poesía Completa (2000). Sin embargo presenta fallos porque a pesar de haber incluido más de cien textos inéditos y el poemario La tierra más ajena (1955), -excluido por la propia autora de su bibliografía, y hasta hoy, por sus devotas antólogas y editoras de las diversas versiones de su “obras completas” - Ana Becciú[10], su compiladora, no ha agregado ninguno de los siete poemas que sólo figuran en la separata Zona prohibida (1982). En cuanto a la distinción que hace la editora entre prosa poética y relatos, tiene importancia porque ha determinado la inclusión o no de una serie de textos en el volumen de poesía. Su clasificación “subjetiva” (según anota la compiladora en “acerca de esta edición”) invalidaría entonces el trabajo anterior realizado conjuntamente con Olga Orozco dieciocho años atrás.

La misma editorial (Lumen: 2002) publicó un tomo con muchos de sus textos “inclasificables” bajo el nombre de “Prosa completa”.[11] Aunque la crítica ha alabado esta edición, es importante señalar que faltan[12] numerosos artículos y reseñas realizadas en París durante la década de los sesenta.[13] El volumen está dividido en varios apartados: El primero bajo el nombre de “relatos”, agrupa textos de muy distinta procedencia y naturaleza; la mayoría más cercanos a la poesía que a la prosa. Luego, el segundo llamado Humor, en el cual se reúnen tres textos que transmiten dolor bajo una capa de ironía y desorden textual. A continuación, en tercer lugar, tenemos la sección Teatro, conformada por solo pieza escrita en nueve días a su regreso de un penoso viaje a New York y a París en 1969, titulada Los perturbados entre lilas[14] que a través del cuestionamiento continuo del lenguaje busca una trascendencia. La penúltima parte, denominada Artículos y ensayos, aglutina trabajos de corte ensayísticos que la autora escribió para diferentes revistas por motivos económicos, al mismo tiempo que le servía para saldar deudas literarias y personales. Y por último, la compilación termina con Prólogos y reportajes, varios textos en que la poeta comenta explícitamente su obra. El reportaje que cierra el libro es endeble en su enfoque metafórico y suscita la sospecha de la existencia de reportajes inéditos más sustanciosos que fueron dejados de lado.

En cuanto a los diarios íntimos, han ocurridos dos cosas: primero, cuando la autora regresó a Buenos Aires, quiso reescribir algunas entradas para publicarlas en revistas literarias y segundo, después de 30 años de su muerte, su albacea ha suprimido más de 120 entradas, además de excluir casi por completo el año 1971, y en su totalidad el año 72. Las omisiones están distribuidas a lo largo del diario, cuya materia suele referirse a temas sexuales o íntimos. También se excluyeron textos narrativos que muestran las costuras de la escritura (una especie de borradores), que a posteriori serían reelaborados para su publicación. La edición de Lumen siguió el modelo editorial que empleó Leonard Woolf, basado en tres tipos de fragmentos. En el primero se encuentran ciertos párrafos en los que se utiliza el diario como método para practicar o ensayar su arte literario. En el segundo tenemos unos pasajes que a la autora le servían de materia prima para escribir. Y en tercer lugar, comentarios de libros que estaba leyendo. Así mismo, el marido de V.Woolf decidió no indicar las omisiones alegando que “los puntos suspensivos hubieran fatigado al lector”, también en este punto coinciden.

A partir del año 54, la escritora argentina comenzó a llevar un diario y alrededor de 1965, seleccionó las entradas de los años que vivió en París –cuatro en total- y los modificó casi en su totalidad. El texto reescrito es una “autoedición” que, parece tener dos objetivos: uno personal y otro literario. A nivel personal, eliminó las referencias sobre su madre y lo que estaba “pasado y acabado” a nivel personal se convirtió en material literario. Hubo dos publicaciones, la primera, “Diario 1960-1961”[15], cuyas dieciocho prosas poéticas, en su mayoría breves, formaban parte de un proyecto más ambicioso:

“ ...una especie de diario dirigido a (supongamos Andrea), es decir: no serían cartas ni un diario común. Podría estar dividido en dos o tres partes. Una dedicada al amor, la otra a la angustia, la tercera a mon dieu!!”[16]

El material original se redujo a un resumen con dieciocho entradas que recogía retazos de una escritura hecha día a día. La primera fechada el 1 de noviembre de 1960, dice: “Falta mi vida, falto a mi vida, me fui con ese rostro que no encuentro que no recuerdo”. Y la última, del 14 de enero de 1961: “Soñé con Rimbaud. Par litterature, j’ai perdu ma vie”. El narrador hace un recuento de sus fracasos, dolencias psicosomáticas, y derrotas amorosas. Pizarnik biográfica, se convierte en personaje y a la postre en mito de si misma. La segunda, “Fragmentos de un diario, París, 1962-1963”[17] son anotaciones despojadas de lo confesional y convertidas en complicados aforismos literarios. La exigencia formal, casi perfecta, desvirtúa lo que se cuenta y rompe la apariencia de lo real. De la misma manera, no hay crescendo en los pensamientos y visiones, sino un conjunto de espejismos contrapuestos.

En el caso de la edición póstuma,[18] tenemos que la selección de sus diarios (1954-1971) se hizo siguiendo el criterio de Myriam Pizarnik, hermana de Alejandra y legataria de su obra, quien exigió que se hiciera una selección de fragmentos de contenido literario evitando las referencias a la sexualidad de la escritora y de las personas mencionadas. Así en el prólogo de la edición 2003 se dice lo siguiente:

“He tenido en cuenta el principio de respeto a la intimidad de terceras personas nombradas, aún vivas, y a la intimidad de la propia diarista y de su familia.”[19]

Los argumentos de Becciu no satisfacen el rigor de los criterios filológicos, ni tampoco las exigencias de una edición “memorable”. Sobretodo porque no se sabe exactamente qué criterios sigue para excluir por completo fragmentos de la versión original por entradas corregidas por Pizarnik. El cuaderno que abarca los años <<1962-1964>>, alega la editora, fue concebido para ser publicado y que “podría considerarse la fase final de reescritura”. Ante la dificultad de edición, la albacea literaria decide pegar los fragmentos trabajados al texto original, produciendo al final un collage o en el mejor de los casos un palimpsesto. En segundo lugar, como bien lo señala Nora Catelli, el carácter supuestamente hiriente de determinados pasajes no es razón suficiente para suprimirlos, si se tiene en cuenta que han transcurrido treinta años desde su fallecimiento. La mutilación de un corpus diarístico puede hacerse, pero a condición de anunciar y explicar los criterios de selección, con claridad, en el prólogo. En el caso de Virginia Woolf, su marido lo expurgó antes de su edición, y aduce sus motivos del por qué una primera versión censurada:

“...casi siempre es un error publicar parcialmente diarios o correspondencia, de manera principal cuando las omisiones se efectúan con la finalidad de proteger la sensibilidad o la reputación de personas vivas. Casi siempre, las omisiones alteran u ocultan la verdadera personalidad del autor del diario o de la correspondencia y da lugar un cuadro académico, en el plano material, al eliminar arrugas, granos, ceños y asperezas. En el mejor de los casos, e incluso tratándose de diarios sin expurgar, nos dan un retrato deformado o parcial del autor, debido a que, tal como Virginia Woolf advierte en este diario, fácilmente se incurre en la costumbre de hacer constar un determinado estado de ánimo como, por ejemplo, el de irritación o de infelicidad, y de no escribir el diario cuando se experimentan estados de ánimo opuestos. En consecuencia, el retrato es, desde el principio, desequilibrado y entonces, si otra persona deliberadamente elimina otro rasgo del autor, el retrato se transforma en una simple caricatura.”[20]

La afirmación de que el Diario publicado no es un “relato de vida” sino un “diario literario” - además de justificar la señalada censura previa - es una tergiversación que la propia lectura de los textos seleccionados se encarga de desmentir en más de una entrada. La edición no fue concebida como un diario personal sino como una obra literaria que se configura a la manera de un diario, por lo tanto estamos en presencia de una escritura pública. Lo que en ella se inscribe es susceptible de crítica, de aceptación o de rechazo. La ausencia del matiz privado en la escritura es pareja con la ausencia de lo histórico.

Arriaga Flórez[21] afirma que los diarios publicados de forma póstuma sin el consentimiento previo del autor, son textos “violados” en su fuero interno y llegan a convertirse en literatura “a través de una triple traición: a la voluntad del autor, al carácter efímero y contingente del texto y por último, a su secreto”. La edición de Lumen cumple esa triple tradición a la vez que, sus cambios en el corpus original, pertenecen a tres categorías: a nivel personal, ideológicos y a la esfera del mecenazgo. En el ámbito personal se eliminaron referencias “poco amables” a amigos y miembros de la familia. Así como comentarios denigrantes a personas relacionas afectivamente con ella. Lo íntimo interfiere, obviamente, con lo literario. O, si se desea, los editores deciden ceder ante un tipo de restricciones ideológicas. Se omitieron ciertas líneas que pueden ser importantes para la (auto) construcción del personaje. El tema del sexo sirve de enlace entre lo personal y lo ideológico. La editora adaptó el manuscrito del diario a las limitaciones que le impuso la esfera del mecenazgo, - Lumen en este caso- que seguramente respondiendo a un estudio de mercado, “sugirió” suprimir pasajes que pudieran ofender la moral del lector de clase media. Dentro de las omisiones más ideológicas destacan las referencias a sus relaciones lésbicas, pasajes con fuertes connotaciones sexuales y violencia física. Es aquí donde podemos concebir el texto como la metáfora del cuerpo, de la que se le amputa una parte más o menos vital. Así es que, en cierto sentido, omitir las supresiones es (aunque sea por silepsis) preservar una integridad. Dicho recorte es el que aspira a ser canonizado. La obra literaria se convierte así en un material manipulado que genera una exégesis equivocada, además de una lectura adulterada por intereses extraacadémicos.

Otro defecto de la presente edición, es la falta de información acerca de las personas, lugares, instituciones, libros y revistas, etc, citados en el cuerpo textual, con excepción de algunas notas del editor que aparecen desordenadas o no tienen la mayor relevancia. También se han cambiado las fechas originales de numerosas entradas del diario. Tampoco el lector ni el crítico disponen de un índice de nombres y de obras citadas. Resulta, en consecuencia, imposible leer los Diarios sin tener al lado una buena biografía al lado, sobretodo porque carece de una cronología bio-bibliográfica.

Notas

[1] Pizarnik le dirige una carta a Beneyto el 16 de agosto de 1972, donde manifiesta su deseo de excluir los poemas de sus primeros libros, además de señalarle ciertas pautas de edición: “Me alegra mucho ser la Nº7 de tu colección, es un excelente augurio. Ahora bien, hay algunos detalles que quiero destacar y que atañen, por supuesto, a la antología: a) No figuran textos de mi primer libro –La tierra más ajena, Ediciones Botella al Mar, Bs. As. 1955-. La causa: reniego de ese libro. b) Las noticias biográficas. Ponlas en la solapa o en donde quieras. Si te parecen escasas, dímelo (Podrás comprobar que soy bastante secreta).c) Algunas hojas presentan dos o más textos reunidos. No los hemos cortado y puesto de uno en uno porque suponemos que imprimirás el libro ubicando los textos unos tras otros y no de a uno por página (A mí me da igual; eres tu quien debe disponer el orden...y otras cosas) d) A causa de lo que pasa en el punto c, el índice no lleva numeración.e)Otros textos es un choix de textes “malditos”, sea por no haber sido colectados en libro o bien por ser inéditos (éstos están marcados con un asterisco).” (Epílogo de Alejandra Pizarnik, El deseo de la palabra. Barcelona, Barral Editores, 1975, pp.254,255)
[2] Alejandra Pizarnik, Poèmes.París, Coll. Nadir (Trad. et présentation, Claude Couffon; Avant-lire, Octavio Paz). 1983
[3] “Hubo que esperar a las Malvinas y la presidencia de Alfonsín para que Sudamericana publicara la recopilación inédita de Pizarnik que habíamos preparado diez años antes. Pero la prisa, el límite de páginas impuesto por la editorial y nuestro miedo a que ésta cambiara de idea, había dejado mucho material en el tintero”. (Ana Becciu, “Los avatares de su legado”, en Clarín, Suplemento de Cultura, 14-09-2002)
[4] La edición e introducción la realizó Frank Graziano.
[5] Francisco Cruz Pérez, “Alejandra Pizarnik: el extravío en el ser”, en Cuadernos Hispanoamericanos 520, 1993, pp.105.
[6] David W. Foster, “The representation of the body in the poetry of Alejandra Pizarnik”, en Hispanic-Review, Philadelphia, PA (HR), 1994, p.344.
[7] A. Pizarnik, Obras Completas. Poesía y Prosa.Buenos Aires, Corregidor, 1990.
[8] Cristina Piña, “Prólogo”, en Alejandra Pizarnik. Obras Completas. Buenos Aires, Corregidor, 1994, pp. 7,8
[9] Según algunos testimonios, muchos de los dibujos están en posesión de personas que estuvieron vinculadas afectivamente a la escritora o bien mantuvieron una relación amistosa con ella.
[10] Ana Becciu ha sido la albacea y editora de la obra póstuma de Pizarnik; en un artículo reciente (2002) relata las circunstancias que han rodeado los papeles privados de la poeta argentina : “Durante varios meses, Olga y yo acudimos diariamente a la calle Montevideo para ordenar carpetas y cuadernos, y para mecanografiar manuscritos, papeles y papelitos que estaban muy bien ordenados (...) Para finales de 1972 habíamos conseguido armar un libro con el material inédito, y se lo entregamos a Sudamericana. Su dueño, López Llausás, nos había prometido que editaría toda la obra de Alejandra. Pero pasaron cuatro años y no lo hizo (...) Yo salí de Argentina en mayo de 1976 pero no pude llevarme conmigo los papeles. Olga los mantuvo en su casa hasta que en 1977, Martha Moia, los sacó en dos enormes sacos por barco. Cuando nos encontramos en Barcelona, Martha solo me entregó uno de los sacos (...) En 1984, accedió a entregarle aquellos cuadernos a Cortázar en París. Por desgracia Julio murió aquel mismo año y quien finalmente recibió los papeles fue su ex mujer, Aurora Bernárdez. Y en su poder permanecieron hasta que en 1999, cuando de común acuerdo con Myriam Pizarnik, los depositó en la biblioteca de la universidad de Princeton, en EE.UU, inaugurando así el Archivo Alejandra Pizarnik ...” (Ana Becciu, “Los avatares de su legado”, en Clarín, Suplemento de Cultura, 14-09-2002)
[11] Los criterios que sigue la compiladora Ana Becciu para clasificar si un texto es prosa o poesía son totalmente arbitrarios: “La frecuentación durante años, de estos manuscritos me han hacho comprender algunos aspectos que en aquella primera edición de Sudamericana del año 1983 no habíamos ceñido bien: la diferencia que Alejandra establecía entre un texto en prosa y un poema (aunque estuviera aparentemente escrito como prosa). Los recuerdos del escritor Alberto Manguel han sido muy valiosos para ubicar ciertos textos en el volumen de poesía o el de la prosa”. (Ana Becciu, “Los avatares de su legado”, en Clarín, Suplemento de Cultura. Buenos Aires, 14-09-02. 2002)
[12] La misma Becciu admite que la edición de prosa está incompleta: “Di un espacio importante a los artículos y reseñas que Pizarnik publicó en revistas y diarios de la época (lamentablemente faltan algunos, que no pude conseguir a tiempo para la fecha prevista de publicación del libro) porque los considero un modelo de reseña literaria, que hoy nadie escribe y que ningún diario o revista actual admitiría”. (Ana Becciu, “Los avatares de su legado”, en Clarín, Suplemento de Cultura. Buenos Aires, 14-09-02. 2002)
[13]Los artículos de crítica literaria que no se incluyen son los siguientes: “El poeta desinteresado”, “Salamandra de Octavio Paz”, “Notas sobre Bruno Schulz”, “Olga Orozco o la poesía como juego peligroso”. En cuanto a las reseñas - publicadas en su mayoría por Cuadernos - solo se recogen dos y se dejan fuera: “Las sombras en la poesía de Pedro Salina de Carlos Murciano”, “Venezuela Imán de Juan Antonio Rial”, “Escalas en América Hispánicas de Guillermo de Torre”, “Leopold Sedar Senghor o la lucidez y el delirio”, “Los prólogos de Galdos de W.H. Shoemaker”, “Prohibido matar a los poetas”, “Relampago de la duración de H.A. Murena”, “Las tierras flacas de Agustin Yañez”, “Los juegos peligrosos de Olga Orozco”, “Cuando termina la lluvia de Antonio Montaña”, “Ensayos sobre subversión de H.A. Murena”, “Obra selecta de Carlos Castro Saavedra”, “Antología poética de Ricardo Molinari”, “Silencios en movimiento”. Tampoco se incorporan las entrevistas a: Marguerite Duras, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Eduardo Mallea, Victoria Ocampo, J.J. Hernández, Roberto Juarroz.
[14] En la edición de Corregidor (1993) aparece con el nombre de Los poseídos entre lilas. Becciú sin proporcionar ninguna nota explicativa, le ha cambiado el nombre.
[15] Alejandra Pizarnik, “Diario 1960-1961”, en Mito. Bogotá, 7 (39-40), 110-115, Dic, 1961, Ene-Feb, 1962.
[16] Alejandra Pizarnik, Diarios. Barcelona, Editorial Lumen, 2003, p. 30
[17] En 1964 aparecieron una selección de estos fragmentos en Poesía=Poesía y Les Lettres Nouvelles.
[18] Pizarnik escribió entre 1954 y 1972 veinte cuadernos, seis legajos de hojas mecanografiadas y varias hojas sueltas con correcciones hechas a mano. Los originales se encuentran depositados en la biblioteca de la Universidad de Princeton, New Jersey, USA.
[19] Alejandra Pizarnik, Diarios, en op.cit., p. 9
[20] Virginia Woolf, Diarios. Barcelona, Editorial Lumen, 1999, p.9
[21] Arriaga Flórez, Mi amor, mi juez, en op.cit., p.38.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Madame Bovary 1857

Elle souhaitait à la fois mourir et habiter Paris.

Pt. I, Ch. IX

Thabatha dijo...

LA VERDAD DEBO FELICITARTE, TU BLOG ES UNA MARAVILLA...
DEJO MI INVITACION PARA QUE ME VISITES EN MI BLOG.
BESO
THABATHA

Viviana Álvarez dijo...

Gracias!!!! por la valiosa información sobre Alejandra. Para mí, poeta de poetas. La mejor de todas. También estoy buscando e intentando profundizar sobre su vida y obra, y tu blog fue de gran ayuda.
Cariños

Anónimo dijo...

Hola, muy interesante el post, muchos saludos desde Panama!

Decidí crear este blog porque estoy convencida que el conocimiento si no se comparte es inútil. He dedicado más de 15 años al estudio de su vida y obra. Realicé mi tesis doctoral sobre el discurso autobiográfico en AP, la cual resultó un libro de 700 páginas (se puede consultar en la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid). Ahora bien, solo os pido una cosa. Por respeto a mi dedicación y estudio, si tomáis fotos, artículos u otro material, citad la fuente. Muchas gracias.

MADRID 2008

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Poeta y doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad Complutense de Madrid. Estudió los archivos de Alejandra Pizarnik depositados en la Universidad de Princeton.