miércoles, 1 de octubre de 2008

INMOLARSE A TRAVÉS DE LA ESCRITURA

La escritora argentina Alejandra Pizarnik tuvo una breve existencia flanqueada por la angustia y la locura que culminó con su suicidio por sobredosis de seconal cuando pasaba un fin de semana fuera de la clínica en la que se hallaba internada. No es posible leer a esta poeta argentina sin acomodar la lectura a esa biografía literaria espeluznante y mítica. Se trata de una lectura inquietante, desazonadora, de la que hay que procurar desprenderse para enjuiciar el valor literario de la obra escrita. Y, sin embargo, esa culminación trágica y real, ese último acto para acabar con su vida, constituye el más cómodo descanso para explicar una obra que a menudo es desconcertante por su discurso delirante, irreductible a un significado unívoco, al análisis lógico, y surgen entonces las explicaciones de la locura y el suicidio como asideros fáciles en los que poder anclar una interpretación segura. En el prólogo a la Prosa completa , Ana Nuño nos alerta sobre la mitificación de la muerte de Alejandra Pizarnik, aunque desprenderse de esa referencia sea algo imposible.

No es un aspecto secundario -nunca lo es- la condición femenina de esta escritora. Cuando imagina a ese lector ideal al que se dirige simbólicamente todo escritor, busca su alma gemela, aquella lectora "supliciada que algún día me leerá con fervor por haber logrado, yo, decir que no puedo decir nada". Sus palabras han sido proféticas, el culto a su obra es fundamentalmente femenino, sin que haya en ello demérito alguno. Por el contrario, su caso es el de una de las primeras escritoras que consiguió alcanzar esa identificación plena y profunda sin rebajar la tensión expresiva.

Silencio final

La otra condición de su obra, la de la referencia constante al suicidio, parece en su caso parte de su poesía, la culminación de su expresión poética con un final solamente seguido por el silencio, como en Hamlet . En Los muertos y la lluvia escribió: "La vida es un lapso del aprendizaje musical del silencio". A esa interpretación de su obra nos empujan las obsesiones en las que reiteradamente se refugia de las angustias que durante toda su vida la hostigaron, acuciada por la desolación, por la frustración amorosa, por la imposibilidad expresiva, por la recuperación de la libertad de la infancia. No en vano, la prosa de esta argentina pavesiana adopta el tono de la confesión, del diario de vivir y el diario de poeta, para sugerir esa identificación entre aquello que nos dice y su auténtica voz interior.

Entre sus obsesiones estaba la noche -"Me parezco a ciertos animales que sólo viven de noche"-, símbolo de la angustia, la soledad, la inquietud existencial. Hijas de la noche son las páginas que forman parte de esta Prosa completa en las que asistimos a la expresión torturada de esta escritora perseguida una y otra vez por la muerte, tentada por el suicidio en las cimas de su desesperación hasta el punto de presentarse a veces como muerta en vida. En su obra, Alejandra Pizarnik prenuncia su suicidio ("el suicidio pronto, prontísimo"), y en su vida lo cumple, alcanzando así el paroxismo de la tragedia; poco importa si su muerte fue accidental o intencionada, en la obra todo presupone esto último y es imposible desasirse de esa sombra para interpretar durante la lectura sus textos.

Como todo poeta, Alejandra Pizarnik buscaba la palabra reveladora y la revelación a través de la palabra. Su obra es una angustiosa tensión expresiva que de ningún modo se resigna a la inercia de los géneros: el cuento, la pieza teatral, el prólogo, la crítica literaria o la reflexión sobre su poética son inseparables de su poesía porque la poesía era para ella "el lugar donde todo sucede" o un lugar donde lo imposible se vuelve posible. Sin embargo, también el lenguaje la llevó a la insatisfacción, cuando no a la frustración.

Intensa verdad poética

Por su búsqueda de la expresión plena -manifestaba la "necesidad de una intensa verdad poética"-, otra de sus obsesiones creadoras, fue impelida en muchas ocasiones a manifestar su extrañeza ante las palabras como objetos que no acababan de pertenecerle y ante los que se sentía enajenada, proscripta. En esa transición que representó el período en que luchó con el lenguaje, en que lo forzó y violentó, se afanó por expresarse con una prosa que a veces se asemejaba a la de Carroll, a veces a la de Cortázar, de quien se hizo amiga en París, al que dedicó algún ensayo y quien le correspondió con un poema homenaje tras su final trágico. Pretendió alcanzar el sentido a través de la imagen poética o de diálogos que expresan lo absurdo, pero finalmente concluyó que las palabras eran una transición hacia otra expresión u otra realidad y se dejó tentar por el silencio -"En mí el lenguaje es siempre un pretexto para el silencio"-, que ella decía que era un útero, la muerte.

Lo mejor que podemos decir de la obra de Pizarnik es que proliferó en rutas expresivas inexploradas que proponen el vértigo de hallar la voz original, aunque finalmente sus sendas se cerraron antes de completar la obra perfecta. Buscó someter la escritura al misterio de expresar lo inefable y, aunque afirmó "escribo para no suicidarme", en el último momento cambió la palabra por el gesto, por la representación. En Tangible ausencia había dicho: "Me embriaga la luz. No nombro más que la luz. Quiero verla. Quiero ver en vez de nombrar".

Quizás en esas palabras se nos anuncia el significado de aquella escritura "densa y llena de peligros a causa de su diafanidad excesiva" que ella pretendía, y cuyo colofón expresivo fue su muerte, una muerte por inmolación a través de la palabra, la muerte entendida como un signo, como una forma de expresión poética que ella misma anticipó en estas palabras: "Ignoro si hablo de la perfección poética, de la libertad, del amor o de la muerte". Escribir y vivir o callar y morir eran sinónimos en su personal lengua poética. Cada texto suyo nos da su significado no sin un arduo esfuerzo de interpretación, porque siempre lo cubre un velo de misterio que no acabamos de descifrar del todo; la vida y la personalidad de Alejandra Pizarnik laten en esos espacios misteriosos; a iluminarlos contribuye esta Prosa completa .

Por Arturo García Ramos
El mundo, ABC Cultural, Miércoles 28 de agosto de 2002

1 comentario:

mge dijo...

Un gran artículo para una gran escritora como lo fue Alejandra Pizarnik.

Decidí crear este blog porque estoy convencida que el conocimiento si no se comparte es inútil. He dedicado más de 15 años al estudio de su vida y obra. Realicé mi tesis doctoral sobre el discurso autobiográfico en AP, la cual resultó un libro de 700 páginas (se puede consultar en la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid). Ahora bien, solo os pido una cosa. Por respeto a mi dedicación y estudio, si tomáis fotos, artículos u otro material, citad la fuente. Muchas gracias.

MADRID 2008

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Poeta y doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad Complutense de Madrid. Estudió los archivos de Alejandra Pizarnik depositados en la Universidad de Princeton.