martes, 18 de marzo de 2008

PALAIS DU VOCABULAIRE

Pizarnik’s work has most frequently been analysed in terms of a few key thematic obsessions – silence, the night, death, childhood – or biographically through her lesbian orientation, her poète maudit image and her suicide. Such readings need to be put into perspective by taking into account an extremely important aspect of Pizarnik’s work, namely the tremendous impact on her entire output of her meticulous reading of other literature; in the Princeton collection are several notebooks which she labelled her palais du vocabulaire, in which Pizarnik carefully recorded significant phrases from other writers’ work which will subsequently feed directly into her own creative and imaginative processes. The aim of this project, therefore, was systematically to analyse the ‘palais du vocabulaire’ and the ‘diarios de lecturas’ in parallel with her diaries and letters, mapping her sources, and thereby allowing for a new contextualization of Pizarnik within a modernist aesthetic of fragment, intertextual borrowing and citation.
In the context of my earlier research on Pizarnik, which looked at her deliberate intertextual reference to other writers (such as Lewis Carroll), this research at Princeton has enabled me to go into far greater depth, getting a mucher fuller idea of the range of Pizarnik’s reading and of her determined autodidacticism with regard to both literature and language. I have been surprised by her range of reference; her closeness to French poetry and surrealism, for example, is well-documented, but looking through the Princeton material, her dedication to reading Góngora as well as Genet, and anonymous Aztec songs alongside Artaud sheds new light on certain of her recurrent tropes and images. It also becomes evident that Pizarnik’s compilation of the palais du vocabulaire not only feeds directly into her poetic creations, but also contributes significantly to her self-writing through the parallel worlds of correspondence and diaries.
Amongst the gems at Princeton are many unpublished manuscripts of prose poems, groups of recitas (along the lines of the French récit) and chants. Pizarnik’s published prose works, some quite violent and obscene in their language, are often dismissed or ignored by critics who prefer the tiny, polished more lyrical earlier works. Seeing the extent of Pizarnik’s experimentation in prose and the amount of critical reflection she devotes to the possibilities of writing prose calls for a serious critical re-evaluation of what constitutes her oeuvre. The Jewish element of Pizarnik’s biography also comes more to the fore in this material, as does her linguistic playfulness and love of humour – the latter displayed in one notebook which contains over 70 titles of ‘Instrucciones para …’, the work of a true Cortazarian cronopio.
Fiona Mackintosh
University of Edinburgh

domingo, 16 de marzo de 2008

ALEJANDRA PIZARNIK EN EL RECUERDO



Aún tengo presente el departamento de la calle Montevideo donde ella vivía; el pequeño pizarrón en que escribía sus versos, su teléfono verde, su colección de muñecas rusas, el tablero que le servía de escritorio y las carpetas para guardar sus originales, sus dibujos con lápices de colores y su correspondencia. A mediados de los años sesenta nos hicimos amigos; ella acababa de publicar Los trabajos y las noches, que me lo dedicó con su letra diminuta, casi microscópica. En esa época obtuvimos el primer premio municipal de literatura, Alejandra en poesía, yo en narrativa; por ese motivo aparecíamos juntos en publicaciones literarias del país y del extranjero, y en una oportunidad mantuvimos una conversación sobre mis cuentos de El Inocente, que apareció luego en forma de reportaje en la revista venezolana Zona franca que dirigía el poeta Juan Liscano.
Teníamos algunos amigos en común, entre otros, Enrique Pezzoni, Silvina Ocampo, Edgardo Cozarinsky y Esmeralda Almonacid, en cuya casa de Boulogne solíamos reunirnos en verano para conversar a la sombra de una inmensa magnolia del jardín y bañarnos en un tanque de agua australiano.

Pero más allá de nuestras afinidades en cuestiones literarias y pictóricas (ambos admirábamos a Paul Klee y a Odilon Redon), había en Alejandra ciertos rasgos de su personalidad que me atraían: me refiero a su ironía incisiva, a su inteligencia no exenta de crueldad. Nunca olvidaré la vez que en una reunión se le acercó un joven poeta y le alcanzó los originales de unos poemas de su autoría. Ella los leyó detenidamente, y al devolvérselos exclamó, sonriendo: “Lo felicito, ¡qué buen tipo de letras tiene su máquina de escribir!”.

No puedo precisar en qué momento, sin proponérmelo, empecé a distanciarme de Alejandra. Olvidaba las citas que hacía con ella, pasaba semanas y meses sin llamarla por teléfono. Culpable y sin poder explicar mi comportamiento descortés, leía la tarjeta que ella había deslizado bajo la puerta de mi departamento y que todavía conservo entre mis papeles: “Juanjo querido ¿te olvidaste de nuestro rendez vous? Traía tantas cosas lindas para vos. Llamame cuando encuentres un segundo para tu Alejandra”.

Ahora pienso que ella estaría pasando por una de sus frecuentes postraciones nerviosas y que yo, bastante propenso al contagio de los depresivos, de manera inconsciente me ponía al resguardo de su aura angustiante y mortecina.

En Textos de sombras y últimos poemas (libro póstumo de Alejandra) se hace sentir aquella crisis con el lenguaje a la que me referí anteriormente. De paso, vale la pena señalar el desconcierto que provocó la aparición de este libro en nuestro ambiente literario, escandalizado por el uso que hay en él de vocablos prohibidos obssenitatis causa (en criollo, de malas palabras). Algunos críticos se preguntaron si era lícito, por parte de los responsables de la edición (Olga Orozco y Ana Becciú), dar a luz esos poemas que desmerecían la imagen de Alejandra sin agregar nada importante a su obra poética. Argumentos igualmente represores y falaces suelen todavía esgrimirse para condenar la libertad de lenguaje en la poesía erótica de Paul Verlaine.

En ese último libro de Alejandra, a las palabras, en vez de hacerles el amor, como quería Breton, se las violenta semánticamente para dar lugar a engendros verbales, a mutaciones perversas que hacen pensar en la pintura de Jerónimo Bosch. Poseída por lo que Octavio Paz llama “el demonio de la aliteración”, Alejandra se complace lúdicamente en otorgar significaciones inquietantes a lugares comunes del habla cotidiana, o de la cultura. En el terreno de la verbalización de lo sexual, las imágenes escatológicas generadas por la inminencia de la muerte alcanzan por momentos una obscenidad alucinante.

El gran NO de la muerte, con su irradiación obscena y su color emblemático, el azul, que era el color de los ojos del padre de Alejandra, acaba por imponerse. Curiosamente, el azul tiene una connotación análoga en estos versos de Jean Cocteau: La poèsie ressemble la mort./ Je connais son oeil bleu,/ Il donne la nausèe (“La poesía se parece a la muerte. Conozco su ojo azul. Provoca náusea”).

Volviendo al principio de esta evocación personal y literaria de Alejandra Pizarnik, a su patético esfuerzo por disipar el aura mortuoria que la acechaba, transcribo a continuación fragmentos de uno de sus últimos textos, Tangible ausencia, donde aparecen como pérdidas irreparables su infancia, su seguridad en el lenguaje y la mirada azul del padre, pérdidas que de algún modo configuraron su destino y la acercaron sin que ella pudiera encontrar la salida afanosamente buscada:

“Que me dejen con mi voz nueva, desconocida. No, no me dejen. Oscura y triste la infancia se ha ido, y la gracia, y la disipación de los dones... Hablo...
A unos ojos azules que daban sentido a mis sufrimientos en las noches de verano de mi infancia... A la luz de una mirada que engalanaba mi vocabulario como a un espléndido palacio de papel.
Me embriaga la luz. No nombro más que la luz. Quiero verla. Quiero ver en vez de nombrar.
...El lenguaje es vacuo y ningún objeto parece haber sido tocado por manos humanas. Ellos son todos y yo soy yo. Mundo despoblado, palabras reflejas que sólo solas se dicen. Ellas me están matando. Yo muero en poemas muertos que no fluyen como yo...
Vida, mi vida, ¿qué has hecho de mi vida?
Hemos consentido visiones y aceptado figuras presentidas según los temores y los deseos del momento, y me han dicho tanto sobre cómo vivir que la muerte planea sobre mí en este momento que busco la salida, busco la salida”.


Este texto fue publicado en Escritos irreberentes, de Juan José Hernández, publicado por Adriana Hidalgo editora.

UNA ESCRITURA DE PAPEL: ALEJANDRA PIZARNIK EN SUS MANUSCRITOS



La historia de la literatura argentina está atravesada por papeles: desde el fantoche en yeso y papier maché con que Oliverio Girondo promociona su Espantapájaros hasta proyectos como Eloísa Cartonera, pasando por el “cuaderno de tapas azules” o los Papeles de Recién venido de Macedonio, por el collage y las experimentaciones de la vanguardia, por la biblioteca de bibliotecas, los “modelos para armar”, los “grillos de papel”. En este panorama, la obra de la poeta argentina Alejandra Pizarnik no es una excepción: al tradicional uso del papel como soporte de la escritura se agrega la presencia implícita de este mismo material en construcciones imaginarias (“la casa del lenguaje”[1]; la “Casa de citas”)[2] o su utilización en tanto materia prima de otras figuras (“pájara de papel dorado”, “imaginada pajarita” o “muñequita de papel”)[3].


De un modo menos literal pero tal vez más palpable, sus manuscritos también incluyen una serie de papeles preexistentes (propios y ajenos) con los que la obra de Pizarnik dialoga y a partir de los cuales se construyen nuevos textos. Tal como lo sugiriera Jacques Derrida, el papel moviliza a la vez el tiempo y el espacio y cristaliza una serie de mecanismos que intervienen en la génesis textual, por lo que puede, en cierta medida, volverse metonimia de objeto y de función por el proceso compositivo: “Il n’est pas seulement le support des marquesmais le support d’une “opération” complexe, spatiale et temporelle, visible, tangible et souvent sonore, activemais aussi passive (autre chose qu’une “opération”, donc, le devenir-opus ou l’archive du travailopératoire)”[4].


El soporte de la escritura se convierte, entonces, en un ámbito donde se entrecruzan el plano propiamente genético y el plano simbólico; en ese sentido, el papel hace visibles ciertos mecanismos creativos y compositivos que remiten a la poética alejandrina, que intentaremos esbozar. Los archivos de Alejandra Pizarnik se encuentran conservados en el Departamento de Manuscritos de la biblioteca de la Universidad de Princeton.[5]


En la colección se conserva un material relativamente voluminoso (1 metro y 22 centímetros lineales, repartidos en unas diez cajas), organizado por series a partir de su contenido: I. Diarios; II. Cuadernos; III. Escritos (a. Poesía; b. Ficción; c. No ficción); IV. Correspondencia; V. Arte; VI. Material Impreso; VII. Miscelánea. Si bien hay algunas lagunas esporádicas, los archivos registran el inicio de la vida pública de su autora, es decir, aproximadamente en el año 1954 y se prolongan hasta el momento de su muerte, en 1972. Un simple vistazo es suficiente para constatar la extremada variedad de soportes textuales: folios sueltos de todo color y formato (hojas canson, hojas de calcar, hojas rayadas de carpeta N° 3, hojas de contabilidad color celeste, hojas cuadriculadas sin margen, hojas en formato A4, hojas con membretes, papel ilustración, un repertorio alfabético, fichas N° 1; carpetas oficio y N° 2; cuadernos del tipo escolar y de dibujo, con espirales y cosidos...) y una asombrosa inconstancia en el uso de colores e instrumentos de escritura: lápiz negro, lápices de colores, lapiceras, biromes, marcadores de distintos grosores y, por supuesto, un par de máquinas de escribir, que permitían a Pizarnik no sólo alternar fuentes y estilos sino también introducir, mediante un simple cambio de cinta, colores como el rojo, el verde, el turquesa, capaces de romper la monotonía de una escritura en blanco y negro. Dicho sea de paso, es famosa aquella máquina de escribir en letra cursiva que, acercándose a la escritura autógrafa, subraya la adecuación entre los instrumentos elegidos por la poeta argentina y su escritura misma, tal como se lo señala Héctor Bianciotti: Tu máquina de escribir me da envidia. He visto muchas tipografías que imitan las antiguas caligrafías totalmente desaparecidas porque ahora cuando uno dice “qué linda letra” es porque, grafológicamente inconsciente, pretende ver las cualidades del scriptor– pero nunca una letra como la de la tuya. Como es tan parecida a tu letra, pienso que se trata de una máquina de escribir a mano[6].


Ciertamente, Pizarnik sentía fascinación por los objetos de papelería –“Inclusive el papel (Perdón: sufro del complejo de Peuser) es magnífico (sabrás que soy una amoureuse de papier à écrire, (…) de todo aquello que sea papel, si bien tengo preferencias, ya justificadas, ya irracionales)”[7], pero sería un error atribuir esta diversidad únicamente al azar o a los caprichos de la autora. Al contrario, si bien los soportes e instrumentos elegidos reflejan tanto el fluir textual como las interrupciones y dificultades que, alternativamente, experimentan los autores, también suscitan la escritura y la ponen, literalmente, en relieve:


Me gusta el lenguaje exacto, le mot juste, las cosas correctas, terriblemente visibles y que se levantan como se levantan del papel las letras del poema de Quevedo que acabo de releer”
[8].Comparto las hojas Japon Lenerimand del oncle A.[rmand]. No te fíes del membrete “Bruno Bredhal”.Soy yo la que las mandé emblocar (sí señor, así dicen los papeleros) porque no soporto una única hoja vacía que la blancheur, etc. ¿Cómo serían las hojas que usaba Mallarmé?[9] (Pienso en esos blocs-borrador “El Pibe” y me río y lloro. Qué cosa la poesía! )[10]. En ese sentido, no es casual que la heterogeneidad de soportes que atraviesa los archivos de la poeta argentina encuentre un correlato en los textos.

A pesar de algunas referencias explícitas a la hoja en blanco, metáfora por excelencia del espacio literario, es interesante notar que el sujeto poético rara vez se manifiesta sobre el papel: “Llega un día en que la poesía se hace sin lenguaje, día en que se convocan los grandes y pequeños deseos que tanto alababa en la frenética ausencia de la página en blanco”.[11] Aparecen entonces otras superficies, menos tradicionales pero igualmente funcionales, que se vuelven soportes de la escritura; el sujeto se hace presente en los muros, en el suelo e incluso en el cuerpo humano:(…)ahora es la carne la hoja la piedra(...)Ahora la muchacha halla la máscara del infinito y rompe el muro de la poesía.[12]


La elección de estas instancias de objetivación del yo es, en sí misma, bastante elocuente: por un lado, se hace hincapié en las fronteras de la expresión poética (y, en última instancia, de todo lenguaje); por otro lado, al utilizar el cuerpo como subjectile[13] se sugiere una asimilación entre el sujeto y su obra, incluso en detrimento de su individualidad: “es verdad que en lo oscuro/hay esta confusión de ojos y hojas”[14]. Es interesante señalar que, por lo general, estas referencias a los soportes reales y simbólicos aparecen acompañadas de reflexiones metapoéticas (“Es extraño. Mi estudio sobre el poema en prosa se altera por no saber si usar una carpeta u hojas sueltas para realizarlo”)[15] o bien de alusiones a mecanismos que intervienen de uno u otro modo en el acto de escritura:


He desplegado mi orfandad sobre la mesa, como un mapa. Dibujé el itinerario hacia mi lugar al viento[16].En definitiva, al conjugar la reflexión codicológica con la metapoética, Pizarnik subraya la importancia del soporte, que deja de ser mera superficie receptora de grafemas, para cumplir un rol fundamental dentro del proceso creativo e impactar de manera decisiva sobre el devenir textual. Inversamente, tanto la extrema variedad de papeles y cuadernos como el complejo proceso de “personalización” al que son sometidos, parecen cristalizar operaciones propias de la creación alejandrina: una vez cuidadosamente elegido el soporte[17], es intervenido de distintas maneras, ya sea mediante el uso de etiquetas y rótulos, el pegado de figuras o de papeles de diferentes orígenes y texturas, o bien mediante el empleo oblicuo de membretes personales, que abandonan el ámbito de la correspondencia para hacer las veces de una firma de autor.


Así encontramos, por ejemplo, un cuaderno de tapa marrón, con hojas cuadriculadas y sin margen, de marca FERAUDOS, N° 34705[18]. En un papelito azul pegado en la primera hoja, leemos “Diccionario secreto”, escrito en letras de molde negras. En la tapa, un rótulo, en fondo azul y con letras blancas, indica “P.V.”, acompañado de un «1» en marcador negro. La indicación “P.V.”1 se repite en letras negras de tipo “Letraset”; a su lado, un sello, en tinta roja, que muestra una mano con el dedo índice apuntando a dicha inscripción. Cabe aclarar que “PV” es la abreviatura con que Pizarnik se refería a su célebre Palais du vocabulaire[19], y que éste es, a su vez, el nombre con el que designaba a la serie de cuadernos con citas, apuntes y comentarios de lecturas. En el interior del cuaderno “P.V.1” se encuentran, pegados o abrochados, varios papeles, dactilografiados o escritos con una multiplicidad de tintas e instrumentos en los que la heterogeneidad de la forma parece hacerse eco de la diversidad del contenido.


En ese sentido, las intervenciones sobre el soporte anuncian y actualizan una estética de lo híbrido, de lo compuesto, de lo disímil. También en la denominación Palais du vocabulaire resuenan, sin duda, otras formas en que Pizarnik materializa e instrumentaliza la lengua, tales como la “casa del lenguaje” y la “casa de citas”: “[c]uando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo”. Además de ser un modo de transformar al lenguaje en algo concreto, donde las palabras serían una suerte de “materia prima”, estas designaciones, en sí mismas fuertemente connotadas, contienen, a su vez, citas o discursos encubiertos.


Así, la “casa del lenguaje” parece anunciar la identificación entre escritura y espacio físico que aparecerá luego en un texto de Marguerite Duras: “Ça s’est passé ainsi. J’ai été seule dans cette maison. Je m’y suis enfermée–j’avais peur aussi bien sûr. Et puis je l’ai aimée. Cette maison, elle est devenue celle de l’écriture. Meslivres sortent de cette maison”[20]. Por otro lado, las connotaciones de maison close que reverberan en el sintagma «casa de citas» proponen una mirada irónica sobre esta operación intertextual. Antoine Compagnon recuerda a ese propósito que el primer sentido del verbo español citar es, justamente, el de convocar o dar cita a alguien, por lo que toda cita tendría una función fática, en tanto puede establecer, prolongar o interrumpir la comunicación.[21]


En ese sentido, mediante el Palais du vocabulaire, Pizarnik instaura un diálogo consigo misma y, a la vez, con la tradición pasada y futura: “Deseo emprender un vasto plan de lecturas. Pienso que mi Palais du vocabulaire es una excelente idea. No importa si hasta ahora no he descubierto de qué manera puede servirme. Pero es excelente como ejercicio de sensibilización del idioma.”[22] Este gesto, que recuerda aquel de los copistas y glosadores medievales, puede también entenderse como la primera fase del proceso compositivo de Pizarnik y entroncarse, por tanto, con una concepción moderna de la escritura, entendida como reelaboración de textos anteriores o bien como reapropiación y posterior resemantización de poemas “encontrados”.


Lejos de estar compuesto de meras transcripciones, el Palais du Vocabulaire contiene textos que, por estar descontextualizados, son textos diferentes de los que poblaban el soporte inicial, tal como lo explicará Jacques Roubaud, que percibe esta práctica como una posibilidad más de creación o amplificación textual: “Tout poème que je copie, et apprends et répète, devientun poème composé pour moi, par moi. Tout poème que je compose est prêt à être copié. La copie fait partiede la copia de l’art de poésie, au sens où la Renaissance entendait ce mot, synonyme presque d’abondance, de richesse, de trésor.”[23] Al albergar textos propios y ajenos, estos cuadernos constituyen, en algún punto, un reservorio de material que volvemos a encontrar, mutatis mutandis, en la obra publicada de Pizarnik, abierta o solapadamente. La lógica de la intertextualidad y las reflexiones metapoéticas, que rigen y acompañan buena parte de la obra de Pizarnik, se vuelven especialmente visibles allí: luego del desplazamiento material y de la adhesión a este nuevo soporte, allí confluyen sin tapujos palabras, papeles y recortes de todo tipo.


En la página 5 del Palais du vocabulaire encontramos, por ejemplo, una cita de René Char, La quantité defragments me déchire. Et debout se tient la torture, que se repite en la página 203 del mismo cuaderno y en una tercera oportunidad en una hoja suelta, fechada el 1 de mayo de 1969.[24] A su vez, una traducción textual de esta cita reaparece en itálicas en el cuerpo de «El infierno musical», el poema que da nombre al libro homónimo; se trata de una declaración de principios estéticos y también, en cierta medida, de una explicitación de las prácticas compositivas de Pizarnik: Nada se acopla con nada aquí.(...)La cantidad de fragmentos me desgarra Impuro diálogo Un proyectarse desesperado de la materia verbal.[25].


Este assemblage no sólo tematiza, al menos parcialmente, el proceso compositivo sino que, mediante el uso de las bastardillas, también deja a la vista las costuras de la escritura. Por otro lado, al estar implícitos los mecanismos de cortar y pegar, este procedimiento creativo hace pensar en la técnica del collage, analogía que la misma Pizarnik retoma, aunque probablemente en sentido algo laxo: “En cuanto a mí, tengo que hacer un collage con J.B., con cartas no enviadas, con poemas que me obseden, con el material en bruto que debo fraccionar e ir corrigiendo de a uno”[26].


Inscribiéndose, entonces, en una lógica fragmentaria que insinúa la disección, que promueve la descomposición de textos y discursos y que, también en el plano material, descompone literalmente los papeles, Pizarnik trabaja con la palabra como estructura mínima, sugiriendo y a la vez simulando una escisión que el lenguaje no podrá sino frágilmente recomponer: “Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable mixtura. Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando así rodeada de muerte.”[27]El Palais du vocabulaire de Pizarnik está, en definitiva, compuesto a partir de mecanismos de selección, de reorganización y de desvío; a su vez, es en ese tumulto de citas y colección o reservorio de términos donde la poeta parece buscar las palabras con las que luego escribirá, instaurando un movimiento de vaivén infinito entre lectura, auto-lectura y escritura que recuerda aquella frase de Jean Cocteau según la cual “le plus grand chef-d’œuvre de la littérature n’est jamais qu’un dictionnaire en désordre".[28]


Desde esa perspectiva, resulta particularmente significativo encontrar entre los cuadernos de Alejandra Pizarnik un índice alfabético cuyo título es “Notas gramaticales (ejemplos) 1969”[29]. Nuevamente, la escritura se realizacon colores y tintas de todo tipo; además, hay fichas y papeles pasados a máquina y pegados en las distintas hojas de este repertorio, que funciona prácticamente como un diccionario y que resulta particularmente iluminador para entender las distintas etapas del proceso creativo de la escritora. Por otro lado, la presencia de pequeños sobrecitos de mercería con palabras sueltas –generalmente artículos o adjetivos indefinidos, con numerosas marcas de pegote– sugiere la necesidad de visualizar el texto in statu nascendi, así como una utilización plástica de la página en blanco.


Al agilizar la permutación de citas, papeles y fragmentos, la cinta adhesiva multiplica las posibilidades de transmutación (de un texto a otro, de un soporte a otro) a la vez que, paradójicamente, subraya la independencia de cada fragmento. Los cuadernos contienen, además, palabras en francés con su correspondiente traducción, pero también expresiones en castellano, explicadas, comentadas o acompañadas de ejemplos, que no sólo ilustran el trabajo compositivo sino también el cuestionamiento permanente del idioma materno: Estudio gramática. (...) No sé escribir. Quiero escribir una novela pero siento que me falta el instrumento necesario: conocimiento del idioma.


Este cuaderno, tan confortable y por fin extranjero, puede ayudarme a reanudar mi vínculo con las obras literarias, las propias y sobre todo, las ajenas. Inclusive mi caligrafía se mejora y se armoniza por no escribir con un cuaderno argentino. Algo a modo de patria se insinúa desde estas hojas rayadas como a mí me gustan o como necesito[30].En uno de los cuadernos aparece, por caso, el término INDECIBLE junto con dos columnas de sinónimos e ideas afines entre los que figura, en este orden, la siguiente lista de términos: “inefable, indecible, indescriptible, inasible, impenetrable, inexplicable, inexpresable, indefinido, inconcebible, inimaginable, insondable, inconcebible, inaveriguable, incognoscible”.


Algo similar ocurre con el término POBRES, mencionado en los papeles preparatorios para “Referente a un reparto de juguetes en Culín de Angel (Exclusivo)”, una prosa inédita que figura en uno de los cuadernos, y que es, a su vez, reescritura de un texto extraído de un periódico venezolano, «Referente a un reparto de juguetes», cuyo recorte también forma parte del archivo Pizarnik[31]. Ya en el inicio de ambos textos se dejan ver al menos dos de estos mecanismos compositivos en marcha: por un lado, el despliegue de una palette léxica que hará posible la selección posterior; por otro lado, la reescritura y subversión de una crónica banal.

Fuente: Recorte del diario

REFERENTE A UN REPARTO DE JUGUETES
Maracay, abr XXX (
(Exclusivo)
El pasado mes de febrero, fué publicada en estas mismas columnas una nota donde decíamos de quejas por parte de personas de esta localidad, sobre reparto de juguetes a los niños pobres del vecino caserío “El limón” y de otras barriadas de la ciudad. (…)


[A. Pizarnik, APP, Box 6, Folder 2]


Borrador manuscrito: Cuaderno «Clairefontaine»
Referente a un reparto de juguetes
En Coculina [Culín] de Angel
(Exclusivo)

El pasado mes de febrero, fue publicada en estas mismas columnas, una nota donde decíamos de
quejas, de gemidos, de clamoreo, de luctuosas elegías y de querellas plañidos ñoños por parte de por parte de personas de esta localidad, sobre reparto de juguetes a los niños [en lápiz negro] pobres, niños:

pobres carentes
necesitados hambrientos
desvalidos funestos
indigentes desacomodados
miserables arrastrados
desheredados dañados
desabrigados disminuídos (sic)
faltos de todo afrentados y
infaustos desdorados
desnudos desverdementas (¿)
desdichados acortados,
menguados destrozados
privados opacos

del vecino caserío “El Sol Negro” y de otras barriadas de la ciudad

[A. Pizarnik, APP, Box 5, Folder 12, pp. 7-8]

Aún tratándose de un texto en estado liminar, podemos suponer que el objetivo de las dos columnas es generar, por medio de la acumulación y del encadenamiento semántico, una amplificación capaz de desplazar el sentido del texto que sirve como fuente, tal como vemos al inicio, donde a la “queja” del original, Pizarnik añade “gemidos”, “clamoreo”, “luctuosas elegías”, “plañidos ñoños”.


De este modo, vemos que no se trata tan sólo de recortar o de descomponer los textos en unidades mínimas, sino que el agregado de nuevo material –ya sea a partir del diccionario o de repertorios propios – es también central en este proceso de escritura. Tal como se desprende de la reescritura de la crónica periodística, la descomposición y la amplificación por yuxtaposición funcionan, en la génesis de Pizarnik, como mecanismos complementarios que, por otro lado, alcanzan a filtrarse en los textos, bajo el signo de lo infantil: “Al lobo lo corté y lo pegué en el cuaderno escolar”[32].


Asimismo, resulta igualmente significativa la transformación de “El limón” en “El Sol Negro”, puesto que, mediante la alusión a Gérard de Nerval y a la primera estrofa de “El desdichado”, “Et mon luth constellé/Porte le Soleil noir de la Mélancolie”, no sólo incorpora la tradición literaria sino que también la encauza y la hace dialogar con la enumeración inmediatamente anterior. En definitiva, los múltiples papeles conservados en los archivos de Alejandra Pizarnik no sólo reflejan las distintas etapas compositivas sino también la hibridación de palabras propias y ajenas. Al considerar, en la misma línea que Mallarmé, a la palabra como elemento esencial y estructurante de la poesía, Pizarnik se inscribe abiertamente en una tradición poética en la que priman la visualización y la reflexión metapoética.


En ese sentido, la «casa de citas» y el Palais du vocabulaire son percibidos como espacios físicos donde se materializan, respectivamente, una versión abaratada y una versión encumbrada del lenguaje. Pero si la clausura del espacio que implican estas construcciones –textuales en todos los sentidos del término– puede asociarse con la clausura de la expresión y con un lenguaje percibido como jaula, la insistente reflexión sobre el soporte permite, por el contrario, cimentar y desarrollar la obra a partir de la reutilización del papel, tanto en sentido literal como figurado[33].


Los incesantes avatares de este soporte textual permiten dar cuenta de las distintas etapas compositivas, al tiempo que cristalizan algunas prácticas(selección y depuración verbal, montaje, plegadura y reflexión sobre sí misma) que resultan esenciales en la génesis alejandrina. En tal sentido, el papel es tanto el espacio donde la escritura se vuelve plenamente visible como la materia de esas construcciones imaginarias –la «casa del lenguaje», la «casa de citas» y el Palais du vocabulaire– que contienen, y a la vez constituyen, la escritura de Alejandra Pizarnik: una escritura profundamente metapoética y metaliteraria, una escritura que, a modo de un palimpsesto, se forma a partir del diálogo con los propios textos, pero también con la tradición, una escritura que, en definitiva, está hecha de papel.


Notas

[1] Por ser las primeras ediciones de difícil acceso y no presentar variantes en ninguno de los textos citados, citaré a partir de la edición más completa hasta la fecha: A. Pizarnik, “Fragmentos para dominar el silencio”, in A. Pizarnik, Poesía completa, p. 223, Barcelona, Lumen, 2001.
[2] A. Pizarnik, Prosa completa, Buenos Aires, Lumen, 2003, p. 69.
[3] Todas las citas provienen de “Noche compartida en el recuerdo de una huida”, in A. Pizarnik, Poesía completa, op.cit., p. 258.
[4] J. Derrida, “Le papier ou moi, vous savez… (nouvelles spéculations sur un luxe des pauvres) ”, in J. Derrida, Cahiers de médiologie, Paris, Gallimard, p. 34.
[5] El fondo Alejandra Pizarnik Papers (APP) forma parte del Manuscript Division, Rare Books and Special Collections Department, Princeton University Library y está catalogado bajo la signatura [C0395]. Se agradece a la Biblioteca de la Universidad de Princeton la autorización para citar los textos de Pizarnik que figuran en este artículo, y Margaret Sherry Rich y AnnaLee Pauls por su invalorable ayuda. Para mayores detalles sobre la colección Pizarnik, ver el artículo de Ana Becciú: “Los avatares de su legado”, Clarín, Suplemento “Cultura y Nación”, Buenos Aires (14 de septiembre de2002).
[6] Carta de Héctor Bianciotti a Alejandra Pizarnik enviada desde París y fechada el día 6 de septiembre de 1970. A. Pizarnik, APP, Box 8, Folder 23.
[7] A. Pizarnik, carta a Rafael Squirru del 20 de febrero de 1970 (citada por S. Haydu, Alejandra Pizarnik: evolución de un lenguaje poético, Washington, Interamer, 1996). Haydu transcribe: “Perdón: sufro del complejo de Pensar”, pero se trata, visiblemente, de un error de trascripción y/o de interpretación. En efecto, tanto la mayúscula como el contexto de la carta sugieren que no se trata de «Pensar» sino, más bien, de “Peuser”, nombre de una marca argentina de objetos de papelería bastante conocida en esa época y que, por otro lado, Pizarnik empleaba con frecuencia, cf. A. Pizarnik, APP, Box 5, Folder 5. Los manuscritos abundan en anotaciones del tipo “Por ahora los en verso van en carp.[eta] Peuser” (A.Pizarnik, APP, Box 2, Folder 10) ou “Pasar a c.[arpeta] Peuser” (A. Pizarnik, APP, Box 6, Folder 31), lo que indicaría que Pizarnik estaba suficientemente acostumbrada a esta marca como para incluirla en este comentario irónico sobre sí misma.
[8] A. Pizarnik, carta a Rafael Squirru, in S. Haydu, Alejandra Pizarnik: evolución de un lenguaje poético, op. cit., s/p.
[9] A. Pizarnik, carta a Rafael Squirru, in S. Haydu, Alejandra Pizarnik: evolución de un lenguaje poético, op. cit., s/p.
[10] Ibid., p. 241. Seguramente la autora quiso referirse a “El Nene”, marca conocida por sus blocks de hojas de colores. Por otro lado, cabe destacar que Pizarnik utiliza los signos de puntuación de manera relativamente distendida, omitiendo con frecuencia los signos de apertura en las oraciones interrogativas y exclamativas, tal como se observa al final de esta cita.
[11] A. Pizarnik, Poesía completa, op.cit., p. 346.
[12] Ibid., p. 49.
[13] Derivado del verbo latino subjacere (supino: subjectum), «poner debajo de», se utiliza para indicar la superficie externa sobre la cual se agregan otras capas (de pintura, de enduido, de barniz). Las primeras apariciones del término se remontan a fines del siglo XIX –ya aparece en el Art Moderne de Félix Fénéon– pero es Derrida quien más ha reflexionado sobre este término, al punto de resemantizarlo: “D’une part le mot subjectile ne se laisse pas traduire. Avec toute sa parentèle sémantique ou formelle, du subjectif à tactile, de suppôt, support ou succube à projectile, etc., il ne traversera jamais la frontière de la langue française. D’autre part, un subjectile, à savoir le support, la surface ou le matériau, le corps unique de l’œuvre en son premier événement, à la naissance, ce qui ne se laisse pas répéter, ce qui se distingue autant de la forme que du sens et de la représentation, voilà encore qui défie la traduction», J. Derrida, «Forcener le subjectile», in P. Thévenin et J. Derrida, Antonin Artaud: dessins et portraits, Paris, Gallimard, 1986,p. 57.
[14] A. Pizarnik, Poesía completa, op. cit., p. 324.
[15] A. Pizarnik, Diarios, op.cit., p. 420.
[16] A. Pizarnik, Poesía completa, op.cit., p. 191.
[17] Es sabido que Pizarnik encargaba papeles y cuadernos a sus amistades. Véase, por ejemplo, esta carta de HéctorBianciotti: “Pero esta vez, créeme, no es ni culpa si te contesto con tanto retardo: los cuadernos no se hallaban más en el marché –¿y son éstos?– y he tardado dos meses en obtener 2! Pero me han prometido más; entonces te enviaré por barco. (...)”, in A. Pizarnik, APP, Box 8, Folder 23. También en una carta, Diana Bellessi escribe a Pizarnik: «En cuanto al cuaderno, no sé si primitivo es un atributo o una marca, ya que aquí existió una con ese nombre, hace muchos años, y ya es imposible conseguirlos. Considerándolo como adjetivo, te compré uno que me gustaba. Ya te llegará», in A. Pizarnik, APP, Box 8, Folder 22.
[18] A. Pizarnik, APP, Box 4, Folder 7.
[19] Encontramos buena parte de los cuadernos que componen el Palais du vocabulaire en A. Pizarnik, APP, Box 3,Folder 9; Box 4, Folders 7-9; Box 5, Folder 6.
[20] M. Duras, Écrire, Paris, Gallimard, 1993, p. 20.
[21] A. Compagnon, La Seconde main ou le travail de la citation, Paris, Éditions du Seuil, 1979, p.23.
[22] A. Pizarnik, Diarios, op.cit., p. 491.
[23] J. Roubaud, Poésie (récit), Paris, Éditions du Seuil, 2000, p. 21-22. Agradezco a Rachel Galvin esta iluminadora propuesta de lectura.
[24] A. Pizarnik, APP, Box 3, Folder 9 y APP Box 2, Folder 8.
[25] A. Pizarnik, Poesía completa, op.cit. p. 268.
[26] A. Pizarnik, Diario, op.cit., p. 445 (15 de mayo de 1968). Cabe señalar que el work in progres al que Pizarnik se refiere con las siglas «J[erónimo] B[osch]» se convertirá luego en el libro Extracción de la piedra de locura.
[27] A. Pizarnik, Poesía completa, op.cit., p. 251.
[28] J. Cocteau, Le Potomak 1913-1914, précédé d’un Prospectus 1916, Paris, Stock, Delamain, Boutelleau et Cie, 1931,p. 244.
[29] A. Pizarnik, APP, Box 4, Folder 8.
[30] A. Pizarnik, Diarios, op.cit., respectivamente p. 28 y p. 443.
[31] Cf. «Referente a un reparto de juguetes en Culín de Angel (Exclusivo)», in A. Pizarnik, respectivamente, APP, Box 5, Folder 12, p. 7 y «Referente a un reparto de juguetes», in A. Pizarnik, APP, Box 6, Folder 2. Se agradecen a los herederos de Alejandra Pizarnik, y de manera particular a Fabián Nesis, la autorización para citar este fragmento inédito.
[32] A. Pizarnik, Poesía completa, op.cit., p. 214.
[33] «El lenguaje es un desafío para mí, un muro, algo que me expulsa, que me deja fuera», A. Pizarnik, Diarios, op.cit., p. 286.



Revue Recto/Verso, N° 2 – Décembre 2007, © Mariana DI CIÓ

martes, 11 de marzo de 2008



¿Quién no envenena a un perro? ¿quién no asusta a un niño? ¿quién no cuenta un cuento horrible a un idiota? Era tan fácil que me la hiciste. Si el ahogado no opone resistencia al que lo ahoga, qué sentido tiene ahogarlo, qué sentido tiene repetir una muerte, un gesto de desenlace dramático que ya se cumplió cuando era el momento. ¿Qué sentido tiene desenterrar a los muertos y romperles los huesos a palos?.¿Qué sentido tiene estrangular a la que yace violada y fría?
Es esto lo que no entiendo: esta liturgia enloquecida. Todos se dieron vuelta y las ratas atrapan a las trampas, la prisionera vigila a las cadenas, la del espejo me mira con angustia, a mí, la idiota que la refleja (...)


¿Cuánto tiempo durará tu piedad? ¿Cuánto tiempo llorarás por mí? Un instante. Luego, no hay razón para vigilar mi salud. Si tu piedad dura un instante tengo todo el derecho y el deber de arruinar mi cuerpo por un placer que dura un instante. Ahora pensás que estoy en el error. ¿A que pensás en los holocaustos absurdos? Sí, yo me arruino la salud para demostrarle a nadie que me abandonó cuando lo esperaba en mis años tiernos. Yo me ofrendo para demostrarle a nadie que mi infancia fue atroz. Aún así, no puedo hacer otra cosa. Alguien en mí necesita destruirse para demostrar a nadie que nadie vino, que nadie vino ni siquiera para destruirme. En ese entonces “yo” no era un pronombre, era un lugar de espera. Ahora, bueno, ahora espero más que nunca. Por cierto que no espero a nadie sino que me interesa verme esperando, me interesa, ¿sabes?, yo me intereso, me apasiona saber cuándo y cómo voy a terminar.
Decidí crear este blog porque estoy convencida que el conocimiento si no se comparte es inútil. He dedicado más de 15 años al estudio de su vida y obra. Realicé mi tesis doctoral sobre el discurso autobiográfico en AP, la cual resultó un libro de 700 páginas (se puede consultar en la Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid). Ahora bien, solo os pido una cosa. Por respeto a mi dedicación y estudio, si tomáis fotos, artículos u otro material, citad la fuente. Muchas gracias.

MADRID 2008

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Poeta y doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad Complutense de Madrid. Estudió los archivos de Alejandra Pizarnik depositados en la Universidad de Princeton.